Los políticos, desde la mirada sistémica.

Todos ellos, sin dejarnos a ninguno, funcionan de manera sistémica. Y los antiguos estados también se organizaban así. Y en la época antigua. Y en la Prehistoria... Donde han habido comunidades de personas, ha habido un sistema dirigido por líderes: reyes, emperadores, príncipes, presidentes, alcaldes, etc. Y estos sistemas no han escapado a esas lealtades invisibles y órdenes del amor, porque es imposible hacerlo.

La política, según Wikipedia, es el proceso de tomar decisiones que se aplican a todos los miembros de un grupo. [...] La ciencia política constituye una rama de las ciencias sociales que se ocupa de la actividad, en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta `por personas libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva. Es un quehacer ordenado al bien común.

Leyendo estas líneas, más de uno se estará riendo o dudando al máximo exponencial, porque hoy en día, tal y como viene resolviéndose la política, sobretodo en mi país, la definición queda en entre dicho. Supongo que podríamos extrapolarlo a más países. Yo hoy voy a hablar del mio, de mi tierra, ya que es lo que mayoritariamente estamos viviendo cada día en las noticias. Y aún más con mayor proporción si os digo que vivo en Cataluña.

En los últimos meses llevamos más noticias, más horas de periodismo e información, más hojas de diarios, sobre la cuestión catalana y española, y es que el tema da mucho de sí. Planteo este artículo desde la mirada sistémica, mi área como terapeuta. Porque el sistema político (y ya lo dice la palabra en sí), es una organización que se mueve también por las leyes sistémicas y órdenes del amor, tal y como trabajamos a través de las constelaciones familiares. Mis ideas y sentimientos están conducidos por esos principios, pero eso no quiere decir que no siga a un partido político e ideología. Me planto ante tanto político, cierro los ojos y decido no juzgar a ninguno de ellos, por mucho dinero que hayan robado, por muchos intereses propios que tengan, por mucha ilegalidad que hayan cometido, por mucho que la opinión pública diga que no está bien lo que hacen o lo que dicen. Me adentro hacia mi interior y analizo por qué y cómo puede estar actuando cada uno de los políticos, a su manera y dentro de sus ideales.

Aquí no hay ni buenos ni malos, sólo personas arrastradas por sus creencias limitantes y lealtades invisibles -o no- de su sistema familiar, y a la vez, cultural.

Mi hijo, que tiene 12 años, cuando nos escucha hablar de política en casa (porque nosotros hablamos de política en casa), alguna vez pregunta “¿éstos son de los nuestros?”, o “¿mamá, son buenos o son malos?”... No puedo evitar la risa, aunque yo le contesto que la maldad en sí no existe para nadie, y que porque piensen y actúen diferente a lo que en casa nos gusta, sentimos y nos identificamos, no significa que ellos sean peores que nosotros. A la vista de las muchas personas de mi comunidad (sea local, comarcal, autonómico, estatal, europeo o mundial) lo que un político hace y dice es malo; pero para la otra parte, o una de las otras partes de seres humanos, es bueno. Así que no existe la maldad. Partimos desde aquí. Como decía una amiga mía terapeuta: no existen personas malas, solo mapas mentales que para ellos mismos lo que hacen es correcto y es bueno. El mal en sí es una interpretación que nosotros hacemos de aquellos actos o hechos que no se ajustan a nuestras necesidades, gustos, ideales y creencias, derivados de nuestra herencia familiar y de nuestra cultura y religión. Tú puedes decir que Donald Trump es malvado, pero lo que él siente cuando decide y ordena cree que es bueno... él y todos sus votantes y seguidores. En cambio, el grupo de personas seguidoras del señor Trump, pensarán que Barak Obama no lo hacía bien y que no era bueno. Y tú, lo más seguro que estarás pensando que Obama fue un buen presidente, y que Trump es el diablo en persona. El caso es que la mayoría de electores estadounidenses no pensaron así, y a la vista están los resultados de las últimas elecciones.

¿Miramos qué pasa en España? Pues lo mismo, sin más, pero extrapolado a Mariano Rajoy (actual presidente) y Jose Luís Rodríguez Zapatero (penúltimo presidente).

¿Y si miramos también lo que ocurre en Cataluña? Para unos Carles Puigdemont es buen político y confían en él, y en la República Catalana; para otros es malvado y sin escrúpulos, porque no piensa en los ciudadanos que quieren la unión de España. Miremos cualquier otro país o territorio. Por ejemplo, Siria. Corea del Norte, Birmania, Rusia, ... todos estos países que también ocupan titulares... o minititulares...

Todos ellos, sin dejarnos ninguno, funcionan de manera sistémica.

Los antiguos estados también se organizaban así. Y en la época antigua. Y en la Prehistoria... Donde han habido comunidades de personas, ha habido un sistema dirigido por líderes: reyes, emperadores, príncipes, presidentes, alcaldes, etc. Y estos sistemas no han escapado a esas lealtades invisibles y a los órdenes del amor porque es imposible hacerlo. Os explico por qué, partiendo de la definición y el funcionamiento de los tres principios que rigen las constelaciones familiares.

 

Un presidente, un político, un alcalde, un líder de grupo... ante todo es un ser humano, una persona nacida en el seno de una familia. Y él o ella tomarán y adoptarán, de manera sana o no, los 3 órdenes del amor.

Dar y el Recibir

Como todo ser vivo, el primer contacto que tienen con la vida es a través de la Madre. Esto no lo puede evitar nadie. Por lo tanto, aprendemos nada más nacer a recibir esa vida, el regalo más preciado que nuestros padres nos entregan. Si la tomamos con amor, después nosotros sabremos dar. Es decir, aprendemos uno de los tres principios de los órdenes del amor: compensación entre el Dar y el Recibir. Volvamos al área política. Un político también recibió la vida, la tomó con amor... se supone, y aprendió también a dar. Por lo tanto, primer orden del amor adoptado. Ahora, dentro de su rol de líder ha de dar a las personas las cuales gobierna. El pueblo recibirá de él a través de las instituciones: educación pública, sanidad pública, ayudas sociales, carreteras por las cuales transitar, parques, viviendas sociales, seguridad nacional, cumplimiento del orden público, etc, etc. Y el pueblo a su vez también da al político o políticos que les gobiernan, y a los órganos que representa: dinero, a través de los impuestos, reconocimiento, votos, cumplimiento de las leyes, aportación en general al sistema de bienestar social, serán productivos a través de las empresas que los contraten, etc.

La Pertenencia.

En segundo lugar, la persona, al nacer en una familia concreta, pertenece. Este es el segundo orden del amor: la pertenencia. Todos pertenecemos a nuestro sistema familiar; nadie puede ser excluido. Si excluimos a un miembro de la familia, alguien que venga después expiará a esa persona no reconocida por la conciencia familiar. Esto también lo aprende un político. Por lo tanto, todos los políticos pertenecen al sistema de la comunidad, al igual que los ciudadanos que los han votado y los que no. Pertenecen también aquellos mandatarios o líderes que ya no están, a pesar del mal sabor que dejaron en muchas personas en el pasado. Recordad, lo que para uno fue malo, para otro es bueno. Por lo tanto, e insisto, el mal como tal no existe. Hay que incluir aquellos que ya no están y que reinaron o gobernaron un país en su momento, por mucho sufrimiento y penurias trajesen.

La jerarquía.

Vayamos al tercer principio y orden del amor: la jerarquía. Los miembros de una familia llegan a este sistema dentro de un orden cronológico, temporal y categórico. El abuelo paterno llegó antes que el padre, y el padre antes que el hijo. Así que el abuelo es el primero, el padre el segundo y el hijo el tercero. Luego está el orden dentro de los hermanos: el primero en ser concebido, es el hermano mayor y el primero. Digo concebido y no nacido ya que si entre hermanos nacidos hubo algún aborto o muerte prematura, éstos también ocupan su lugar en el orden establecido. En cambio, todos los hermanos frutos del mismo padre y de la misma madre, están al mismo nivel jerárquico ante los progenitores. Y así hay decenas de órdenes jerárquicos dentro del mismo clan: la persona que tuvo 3 parejas diferentes, siempre deberá respetar el primero que llegó en ese orden, luego el segundo y su actual pareja será la tercera y último en llegar. Y ell@s, a su vez, también deberán respetar ese orden. Es solo una mirada de honramiento, llevada desde el corazón y el respeto.

Nos volvemos a situar en el ámbito político. Ahora la mirada está puesta en la nación, comunidad o municipio. Aquí están los políticos y los ciudadanos. ¿Cómo se estructura esa jerarquía? En realidad los políticos que nos gobiernan son los líderes de los territorios, y como están en primer lugar hemos de honrarlos y respetarlos. Ellos mandan y ordenan, en beneficio siempre de los ciudadanos, que estamos en segundo lugar. Pero no por ello somos inferiores como seres humanos... no nos confundamos con esto. Para que podáis entenderlo mejor, pongo como ejemplo una empresa cualquiera: el director es el primero en la jerarquía; en segundo lugar están los gerentes; después los responsables de áreas; y luego los administrativos y operarios. Ni uno es más ni el resto son menos. El director como tal gestionará asuntos más complicados y tomará decisiones muy difíciles por el bien de la empresa y de sus trabajadores. Temas que jamás abordarán los administrativos u operarios. Es su responsabilidad y por respeto a los que están después que él, lo hará. El resto están para otros menesteres, también igual de importantes para el funcionamiento de la organización, que, por contra, nunca hará un director. Pues todo esto es igual en los estados y naciones. Los políticos han de tomar decisiones, ejecutar acciones, legislar siempre por el bien común, gobernar una comunidad repleta de millones de sentimientos e ideas diferentes, invierten mucho tiempo de su vida en servir a los ciudadanos, y dejan otros aspectos de su vida más de lado, como por ejemplo a su propia familia. Los ciudadanos, que estamos jerárquicamente por debajo de ellos, respetamos sus acciones, honramos su trabajo y también aportamos productividad al país a través de nuestros trabajos, entre muchas otras cosas (recordad, el principio de dar y recibir).

Estos son los 3 principios y órdenes del amor extrapolado a la política y a los estados del mundo. Parece muy utópico y bonito, y si así funcionasen todas las organizaciones políticas que nos gobiernan, viviríamos en paz y en armonía. Pero bien sabemos que así no está sucediendo, ni que sepamos ha funcionado en el pasado. Dicen que en la antigua Grecia existía un sistema político y democrático donde la ciudadanía vivía de manera pacífica y ordenada. Pero estamos a miles de años de esa época, y no tenemos tanta información 100% fiable de que así fuera.

Nuestros mandatarios actuales (aunque también esto aborda a los anteriores no del siglo XXI, sino del resto de siglos pasados) están arrastrados y limitados en unas creencias propias de su sistema familiar, como todas las personas. Son fieles a los sentimientos y emociones familiares, por lo tanto ellos actúan movidos por esas lealtades invisibles.

Cuando indagamos en los padres, abuelos y ancestros en general de nuestros políticos, vemos de donde provienen sus ideologías y mandatos. Y vuelvo a repetir, sus acciones y decisiones son tomadas desde ese amor a su familia: es lo que aprendieron y tomaron, aunque quizás no tan sanamente. La mayoría de ellos provienen de familias adineradas, siendo también políticos, abogados, empresarios o militantes de partidos políticos. Son leales a esas creencias, por lo tanto, ellos también seguirán ese camino.

Pero también hay políticos de nuevas generaciones que han surgido de familias modestas y de escasos recursos, personas que fueron víctimas durante la época anterior a la actual democracia: fusilados de guerra, ciudadanos que pasaron hambre, que fueron repudiados de sus pueblos por tener ideales en contra de lo que el resto sentía, que fueron perseguidos, e incluso exiliados. Los actuales hijos y nietos de esas familias que vivieron horrores y desdichas porque eran del bando contrario, ahora algunos se han “politizado” y, tal y como les veo yo desde mi mirada sistémica, sienten rabia y dolor por amor a su sistema, y están aquí ahora para intentar reparar lo que los “otros” violentaron e hirieron. Esa rabia a su vez no les hace tener una mirada de compasión y de aceptación. Yo creo, desde mi más humilde análisis, como seres individuales no acaban de alcanzar la felicidad porque no quieren aceptar el destino que les tocó a sus familiares. Y tienen la esperanza de gobernar a la ciudadanía y reparar tanto dolor y tanta herida aún abierta.

Luego están los que sus familiares hicieron suerte y abundancia con los gobernantes del momento. En cierta manera se sienten agradecidos por esa abundancia conseguida, y ellos quieren seguir ese mismo destino, siguiendo los principios e ideales que tengan que ver con quién favoreció la riqueza, en este caso, tendencia política.

Y por último existe un grupo de políticos que van en contra de los sentimientos e ideales familiares; digamos vulgarmente que se cambian de bando, aunque en realidad está siendo leales, de manera inconsciente, a un miembro de la familia el cuál fue excluido por tendencias e ideas contrarias al resto de miembros de la familia. Aunque, como dice el refrán “la cabra tira para el monte”, y con el paso de los años, se vuelven a mover hacia las creencias familiares, volviéndose fieles a ellos. Es decir, vuelven a dirigir su mirada a su familia de origen y a sus ancestros. 

La parte positiva de todo esto es que si estos nuevos políticos, descendientes de personas que pasaron mil y una calamidad, de gente que prosperaron, etc... no sintiesen esa rabia, o no tuviesen ganas de agradecer y seguir en la misma línea, nada les hubiera movido a sumergirse en el mundo de la política, y sus ideales quizás nunca hubiesen tenido ninguna sigla que los representase.

Podemos, también, ver a antiguos políticos, semiretirados, subidos en una nube de arrogancia y superioridad, porque en su época en el país había abundancia y prosperidad. Sienten que se lo debemos y su ego se inflama y se crece en excesos. Seguro que en su sistema familiar, por alguna razón de supervivencia, tuvieron que hacerse responsables de algo que no les tocaba, y como tal, se hicieron fuertes y se sintieron superiores a todos. Pues lo mismo les ha sucedido con la nación que algún día gobernaron.

Después encontramos a los políticos que han estado muy presentes en las grandes tomas de decisiones, pero que han pasado sin pena ni gloria. Los mismos compañeros los han excluido y es como si no hubiesen existido nunca, porque al final se salió quizás un poco de la ideologías del partido. Segundo orden del amor, la pertenencia ya está alterada.

Están también los que sólo quieren recibir, y no dar. Estos ya han sido etiquetados de corruptos, y desgraciadamente cada día vemos en los medios informativos y de comunicación políticos así. Desde mi mirada sistémica, está claro que nunca tomaron con amor, respeto y honradez la vida que se les dio, por la razón que fuese. Primer orden del amor, compensación del dar y recibir, está lastimado.

Hay un grupo de políticos que los veo más humildes, más movidos por un amor sano, respetuosos, que honran a los que ya estuvieron, y a los que están, aunque piensen diferentes. Sí, aunque no queráis verlo, los hay. Defienden sus creencias y sentimientos políticos, pero también respetan los que sienten de otra manera. Desgraciadamente estas personas duran poco en política, y son destituidos, excluidos y olvidados. El mismo pueblo no los quiere, porque es el mismo pueblo que también, como sistema, está desordenado. Volvemos a ver el principio de pertenecer se va al traste.

Ya acabando, hago también mención a los políticos que gobiernan en la sombra. Aquellos que tienen cargos más de vices o de secretarios, y que mandan más que el propio presidente o ministro. Tercer orden del amor, la jerarquía, no está respetada. Entonces la sociedad categoriza al líder o mandatario o rey de títere o pelele. Seguramente en su sistema familiar no se respetaban los roles, por ambas partes, y nadie ocupaba el lugar que le correspondía dentro del clan.

Si quieres saber más de cómo funcionan las constelaciones familiares dentro de las organizaciones, empresas e instituciones, rellena el siguiente formulario. 





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